Educación y Autonomía – Jesús Hernández Velázquez –

A nivel estructural, (el capitalismo) no tiene alma, es por eso que atenta contra la sobrevivencia y la salud humanas.

 

¿Qué hacer contra el capitalismo desalmado?

 

Volver a analizar la manera tradicional de organizarnos en comunidad, de cómo relacionarnos con la naturaleza y cómo entendemos el trabajo.

 

(Entrevista a Noam Chomsky).

 

El mundo se ha convertido en un peor lugar, la cura hace más falta y se necesita emprender el esfuerzo.

Una de las medicinas para aliviar los desórdenes del mundo está en mirar de nuevo las raíces de nuestra propia cultura.

 

(Philip Glass)

 

 

En esta semana se cumplen los cien días del primer sismo que nos sorprendió a los istmeños en este 2017 que está por terminar y los sesenta de haber iniciado la construcción de nuestras aulas provisionales en el Bachillerato Asunción Ixtaltepec. Es un momento oportuno para analizar un poco nuestro andar en este tiempo, en nuestra institución educativa y en las circunstancias de apremio que nos ha tocado vivir. Algún factor importante ha hecho que las actividades que hemos realizado y seguimos haciendo—frente a las consecuencias de los sismos— tengan una peculiaridad que es difícil encontrar en otro proyecto escolar, por lo menos en nuestra región. El interés de detectar y ubicar el fundamento de esta singularidad, nos motiva a escribir estas líneas.

Inicialmente describiremos de manera breve las características de nuestras actividades: Una vez superado el pasmo de los primeros días después del sismo del 7 de septiembre y suspendidas las clases por los riesgos que implicaba la presencia de los jóvenes alumnos en medio de los edificios fracturados, los maestros tuvimos nuestra primera reunión el lunes 11 de septiembre, para intentar un balance de la situación y comenzar la organización de acciones, ante la enorme tarea que nos imponía la realidad de quedarnos de la noche a la mañana sin nuestras instalaciones escolares. Acostumbrados a la toma de decisiones en colectivo y al trabajo físico-manual como elementos centrales de nuestro modelo educativo, no nos resultó difícil comenzar de manera inmediata, por un lado, con los trabajos de desmantelamiento del tejado, para la reducción del peso del techo de las aulas y así evitar su derrumbamiento a causa de las constantes réplicas y por otro lado, los trabajos de remoción de escombros y recuperación de documentos y material aún utilizables, en los que participaron también algunos alumnos voluntarios.

Posteriormente, conocido ya el veredicto técnico de que todas nuestras aulas quedaron inutilizadas para su uso, por los daños severos ocasionados por los sismos (considerando ya el del 23 de septiembre), en las asambleas cotidianas que comenzamos a practicar, después del almuerzo juntos, que también comenzó a convertirse en costumbre, fuimos planeando y tomando decisiones para la instalación de nuestras aulas alternativas. Las primeras opciones de aulas prefabricadas investigadas por el  H. Marco Soto resultaron de un costo exorbitante, se calculaba en millones de pesos, dada la cantidad de espacios que requeríamos (alrededor de 25) y aunque sabíamos que contábamos con el apoyo incondicional de la Provincia Marista, consideramos que no era necesaria tanta inversión tratándose de aulas provisionales; una mañana durante el desayuno, alzamos la mirada hacia el pequeño techo que da cobertura al espacio de nuestra cafetería, construida con material de lámina y una estructura de metal y decidimos que siguiendo ese modelo de techo de “dos aguas”, con un mayor reforzamiento, podría ser el adecuado para nuestras aulas provisionales. La idea se había definido; sin embargo, la construcción implicaba obviamente la consecución de los materiales y la mano de obra que la llevaría a cabo; considerando que éramos neófitos en estos menesteres, quisimos apoyarnos en gente externa para que nos ayudara a ubicar en el mercado los materiales que necesitábamos, a un precio adecuado; el apoyo de un padre de familia que se había ofrecido para tal servicio nunca llegó, lo cual nos hizo perder una semana más, al mismo tiempo que las intensas lluvias comenzaron a caer sobre nuestro inquieto suelo istmeño por más de dos semanas. Sin pensarlo y sin mayores dudas, los compañeros Vicente, Ulber y Benito; encargados de mantenimiento, conductor de nuestros autobuses y velador, respectivamente, seguros de sus capacidades y habilidades adicionales, se asumieron como responsables de la construcción y los demás—profesores y dos personas contratadas— nos dispusimos a realizar los trabajos de peones o ayudantes, con excepción de nuestro compañero y maestro Víctor, que es un soldador ya consumado; Marco con mucho tacto y habilidad, contactó por su cuenta la ferretería que nos surtiría el pedido de los materiales, la cual se encuentra en Etla, en el valle de Oaxaca.

Con mucho empeño y dedicación, trabajando y construyendo en el día a día un equipo motivado, alegre y consistente, hemos sentido la satisfacción que de nuestras manos, hayan salido hasta el día de hoy, cuatro naves que albergan 21 espacios, así como iniciado el acondicionamiento del auditorio para las funciones de cocina-comedor de los ocupantes del Internado Guadalupano, trabajos que estarán completamente terminados para iniciar nuestras actividades escolares normalizadas en el mes de enero del próximo año. Es importante mencionar como parte de estos resultados, los apoyos recibidos de tres compañeros soldadores, Saúl de Poza Rica. Ver. y de Comitán. Chis. Jesús y Juan, que solidariamente se desplazaron desde sus lugares de origen para trabajar tres semanas el primero y una semana los segundos; así también, en lapsos más breves, un grupo de trece compañeros del ISIA (Instituto Superior Intercultural Ayuk), dos brigadas de padres de familia de la comunidad de San Miguel Tenango—Sierra Sur–, que colaboraron con nosotros en actividades específicas de limpieza y relleno de espacios; de igual manera, los apoyos aunque no directos, pero de suma importancia, del Ing. Roberto Trujillo, quien de forma desinteresada nos facilitó la máquina revolvedora y del Obispo emérito Don Arturo Lona Reyes, quien mediante su gestión obtuvimos una buena dotación de cemento gris, que usamos en los cimientos de las edificaciones; es importante reconocer  que estos resultados, de ninguna manera se alcanzarían sin la participación incansable y comprometida de nuestras compañeras maestras, de las religiosas Gema, Lulú y María del Carmen y de la señora Crisálida, que puntualmente nos hacen el llamado para desayunar y revigorizarnos para seguir con nuestro trabajo. Es necesario en este repaso de la memoria, también señalar que en el inicio de todos estos trabajos, recibimos visitas de personas que nos animaron e impulsaron a continuar con nuestras actividades de la manera en que lo estamos haciendo: nuestro provincial Pepe, los hermanos Luis Felipe, Mauricio y Chepo, Jorge Carrasco y la siempre preocupada por nosotros, la compañera  Socorro.

El día lunes 20 de noviembre, a partir de dos reuniones de padres de familia y alumnos, en los que tomamos acuerdos, recibimos solo a los del tercer grado, para iniciar con ellos un proceso nuevo por demás motivante y esperanzador. Nuestro principal interés en estos días ha consistido en incorporar a estos 64 jóvenes a la dinámica de estudio, pero también al trabajo colectivo que ya veníamos realizando, porque consideramos de suma importancia que ellos también se involucren  en la construcción de nuestros espacios faltantes; todos los días hemos compartido los alimentos en el desayuno y la comida, nos hemos organizado de tal manera que podamos tener nuestras clases, tener un tiempo para el trabajo físico-manual  y además para nuestras asambleas de evaluación. Los resultados están a la vista de cualquiera que visite nuestra escuela: un espacio de alegría, de trabajo, de estudio y reflexión, un ambiente que nos está permitiendo acercarnos a las problemáticas agravadas por los sismos, de  una manera optimista, en el sentido de verlas como un nicho de oportunidades para concretizar con mayor coherencia nuestro modelo y proyecto educativo encaminados a favorecer la identidad, la autonomía y la cultura de nuestros jóvenes.

Retomando el interés inicial del texto y sirviéndonos de referencia los aportes contenidos en los epígrafes, de un gran filósofo, lingüista y agudo observador de nuestro tiempo y de un connotado y reconocido músico, podemos afirmar que la peculiaridad de nuestras actividades escolares, tiene dos fuentes importantes que se complementan para germinar providencialmente en nuestra región istmeña y un contexto  institucional que nos favorece positivamente.

Una de las fuentes es la visión y el carisma del fundador de la institución marista Marcelino Champagnat y la otra los elementos fundamentales de la comunalidad, cuyas reminiscencias aún encontramos en nuestros pueblos indígenas.

El amor al trabajo, es una herencia inconmensurable que Marcelino Champagnat ha dejado con su ejemplo a todo el que se acerca a una escuela marista y en la nuestra la hemos estado honrando y valorando cotidianamente en estos sesenta días, escuchando de manera muy clara la firme arenga de nuestro fundador a no dejarnos doblegar por los obstáculos, como lo hizo él personalmente, cuando como todo hombre que sabe trabajar, pegó en el punto preciso que rompió la roca que impedía continuar con la construcción del edificio del L´Hermitage., animando a todos a continuar con mayor fuerza el trabajo colectivo; nos anima mucho también saber que en el origen de nuestras escuelas maristas, la visión de trabajo colectivo para la satisfacción de necesidades comunes constituía uno de los ejes principales, recordamos que los primeros hermanos sostenían la casa elaborando clavos que se empleaban en los rieles del ferrocarril o en los barcos. Así pues, comulgando con los principios de nuestra tradición marista, asumimos  el trabajo “como vía privilegiada para el desarrollo pleno de la persona y como elemento constitutivo de la dignidad humana.”(MEM.Ed.2016).

La comunalidad como forma de vida de nuestros pueblos indígenas, es la otra fuente de donde brota la particularidad de nuestras actividades escolares en el Bachillerato Asunción Ixtaltepec. Para los que aún tenemos el imaginario de lo comunal, no se trata de algo nuevo hacia lo que tenemos que llegar, sino más bien, es algo muy nuestro, la herencia socio-cultural de nuestros antepasados, que ha venido sufriendo transformaciones aceleradas y que tenemos que revalorar prioritariamente por la importancia vital que connota, como bien lo dice Philip Glass en el epígrafe. En la dinámica de la vida comunal,  el Trabajo es el don más generosamente intercambiado, es un don gratuito. El sentido de pertenencia  a la comunidad se expresa por la voluntad de participar en ella a través del Trabajo en las fiestas, en el ejercicio del poder político y en el cuidado y defensa del territorio común. El trabajo comunal tiene un carácter obligatorio, pero se asume así de manera colectiva, ya que a través de esta coerción, se intenta construir la igualdad entre todos los participantes (Benjamín Maldonado 2002); es decir, todos somos iguales mediante el trabajo, que resuelve los problemas comunes y construye el bien común.

Con respecto al contexto institucional favorable para la realización de nuestras actividades, podemos decir que gozamos hasta este momento de la suficiente autonomía para concretizar las ideas de nuestra colectividad. Del consejo de la Provincia Marista, sólo hemos sentido su apoyo solidario pleno y respeto hacia nuestras decisiones, con un respaldo honesto a nuestro proyecto educativo y por parte de la instancia estatal vinculadora (antiguo IEEPO) no hemos tenido ningún respaldo, pero esta situación nos ha favorecido considerablemente, por el hecho también, de que no han puesto hasta ahora, condicionamientos que obstaculicen el fluir de nuestras acciones.

En este momento en que observamos un regreso a la “normalidad” en medio de una “anarquía” y desorganización social que lacera a los habitantes de nuestras comunidades, sobre todo a quienes intentan la reconstrucción de viviendas, de escuelas y demás edificios caídos durante el terremoto, los que constituimos la comunidad educativa del Bachillerato Asunción Ixtaltepec, consideramos que estamos caminando y construyendo en el sentido que los referentes del cambio y la transformación nos señalan; estamos convencidos que otra educación es posible, una educación que nos está permitiendo analizar la manera tradicional de organizarnos en comunidad, como menciona Noam Chomsky, que nos está permitiendo conocer en la práctica una manera nueva de entender el trabajo como productor de valor de uso y no como instrumento de la oferta y la demanda—esto lo podemos entender, porque la construcción de nuestras aulas  provisionales no se detuvo por la poca oferta y la excesiva demanda de la mano de obra relacionada con la industria de la construcción, ni por los altos precios que como consecuencia se está cobrando por ella.—-y nos está dando la oportunidad también de construir una relación de mayor respeto y revaloración de nuestra madre naturaleza.

Parafraseando a Paul Goodman reflexionemos: “Supongamos que la sociedad que soñó Marcelino Champagnat hace dos siglos y que la recuperación de nuestras formas tradicionales de vida indígena (comunalidad) conciliadas con la sociedad en general  son ya una realidad y que la educación impartida en todas las escuelas apuntan hacia la perfección de estas prácticas de vida, ¿Cómo viviría cada uno de nosotros, personalmente en esa sociedad? ¡Empecemos a vivir así ahora! Y cuando nos topemos con obstáculos, cosas o personas que no nos permitan vivir de esa manera, entonces busquemos formas de pasar por encima o por debajo de esos obstáculos, o de hacerlos a un lado y así nuestra política (entendida como la comprensión de las formas en que se estructura el poder y el modo de posicionarnos y asumirnos en ellas) será concreta y práctica. Nos parece que con sencillez y humildad, podemos afirmar  que este es el ejercicio que hemos puesto en práctica en nuestra escuela en estos cien días de experiencia sísmica y sesenta de trabajo entusiasta y colectivo.

 

Jesús Hernández Velázquez

11 de diciembre de 2017.